Edward Bunker, la Experiencia Es Un Grado

Hay escritores, que escriben de oídas sobre un tema, se informan, se lo imaginan, se lo cuentan etc. Si el escritor es bueno, no se nota.La falta de vivencias propias. Hay miles de casos, de buena literatura escrita, sin haber vivido las situaciones.

Y hay casos, los menos. Quitando memorias claro. Que el escritor se apoya en vivencias propias y el caldo de cultivo de lo que narra, está basado en mundos que conoce bien, por haberlos vividos.

Edward Bunker, escribe de los bajos fondos. Y sabe de lo que escribe, por que durante muchos años, fue un delincuente.

Foto de la ficha policial de Edward Bunker. Foto: California Department of Corrections (DP).
La ficha policial del autor.

El autor nació en 1933 en los Angeles. Como su hogar no debía de ser un sitio muy recomendable, el estado se hizo cargo de él. Y lo metió en casas de acogida, de donde iba cambiando, ya que no era precisamente un angelito.

A punto de cumplir los 18 años, Entro en su primera cárcel para adultos. San quintín, Allí aprendió todo lo que necesitaba saber sobre el oficio de delincuente profesional. Las clases de como evitar que te coja la poli, sé las debió de saltar. Pues lo detuvieron varias veces, hasta sumar un total de 17 años de su vida entrando y saliendo de prisiones.

Su curriculum incluye, atraco a mano armada, extorsión, trafico de drogas y falsificación. Como no era tonto, se dio cuenta de que ese camino, lo llevaba a la mesa del forense o a comerse una cadena perpetua. Siempre le había llamado la atención el tema de escribir. Y después de tantos años de talego. Tenia una base sobre la que escribir.

Pero lo que realmente le hizo decidirse a escribir, fue que en San quintín, tuvo de vecino de celda a Caryl Chessman, un asesino condenado a muerte, que estaba escribiendo en su celda sus vivencias. Él pensó que al vecino ese libro no le iba a ayudar mucho, era cuestión de tiempo que le abrieran el gas, pero a el si. El si tenia una oportunidad.

«La silueta de Jerry oscureció la puerta principal, que se abrió hacia el interior de la tienda. Me volví, levanté el sombrero y bajé la máscara. Mientras me la ajustaba con una mano, saqué la automática con la otra y le quité el seguro con el pulgar. Al sentir su peso entre las manos y palpar la culata cuadriculada, me sentí cómodo, reconfortado por una sensación de poder.» Tras ocho años entre rejas, Max Dembo vuelve a Los Ángeles con sesenta y cinco dólares en el bolsillo, un traje pasado de moda y la intención de reinsertarse en la sociedad. No es tarea fácil para quien, en su corta vida, no ha conocido otra cosa que el crimen y cuenta sólo con la improbable ayuda de un rígido y prejuicioso agente de la condicional. Descreído de sus posibilidades de éxito, abrumado por los fantasmas de su vida anterior, Dembo se verá en poco tiempo arrojado a una encrucijada de la que su instinto criminal podría salir reforzado. Trepidante y profunda, de un verismo difícilmente igualable, “No hay bestia tan feroz” supuso el debut literario de Edward Bunker, delincuente convicto y una de las mayores referencias en literatura criminal norteamericana. «Simplemente, una de las más grandes novelas criminales de los últimos treinta años; posiblemente la mejor novela sobre los bajos fondos de Los Ángeles jamás escrita» — James Ellroy
Ron Decker, joven de buena familia, acaba con sus huesos en la temible prisión de San Quintín tras su primera detención por «vender droga como si tuviese licencia». Allí, en la fábrica de animales, donde los conflictos raciales y las peleas entre bandas están al orden del día, el novato Ron aprenderá muy pronto que para sobrevivir hay que estar dispuesto a todo. Su maestro en el infierno carcelario será Earl Coppen, uno de los tipos más duros y respetados de San Quintín, con quien el joven Decker entablará una improbable amistad forjada en largas conversaciones ajenas a la jerga carcelaria habitual. La fábrica de animales, segunda novela del ex convicto y escritor de culto Edward Bunker, es una crítica demoledora a la deshumanización de la vida en prisión escrita sin concesiones por alguien que estuvo dentro más de veinticinco años.
Alex Hammond es un niño inteligente e independiente, pero sujeto a violentos accesos de rabia. Rebelde desde el divorcio de sus padres, Alex pasará su infancia huyendo de casas de acogida y reformatorios en la California de la Gran Depresión para ir en busca de su padre, un hombre deshecho e incapaz de ofrecer al hijo el hogar que necesita desesperadamente. Asistentes sociales bien intencionados, pero desconcertados por su comportamiento, y crueles figuras autoritarias se cruzarán en su camino y marcarán a fuego su carácter. Las atroces experiencias vividas en instituciones estatales, y las malas compañías, llevarán a un chico brillante, pero excesivamente impulsivo, a vivir según un código propio que chocará constantemente con el orden establecido y lo convertirá en un precoz delincuente. Considerada por Edward Bunker como su mejor novela, Little Boy Blue narra el conmovedor periplo de Alex Hammond de los once a los diecisiete años. La historia de un «pequeño chico triste», como lo fue el propio Bunker, hambriento de amor y obligado a pelearse con todo el mundo.
«Cuando estaba en el reformatorio y se encontraba a medio camino de comprometerse por completo con el crimen, vio una fotografía de su ídolo, el gángster Legs Diamond, cuando lo asesinaron. Le habían volado la cara y la cabeza pero la elegancia de su Glen Plaid de tres piezas resultaba evidente, los zapatos eran de caña alta, de piel de canguro. Muy cómodos y muy caros. Fue en ese momento cuando Troy decidió vestir lo más elegante posible antes de dirigirse a dar un golpe. Si lo trincaban, no entraría en la cárcel con aspecto de vagabundo.» Troy Cameron, criminal ampliamente respetado en los bajos fondos de Los Ángeles, embarca a dos viejos camaradas del reformatorio en un golpe de los que difícilmente rechazaría quien ha entregado su vida al crimen. Se trata de Gerald McCain, apodado «Mad Dog» por su conducta demente y violenta en extremo, y de Charles «Diesel» Carson, un grandullón que desaprueba el carácter atormentado e imprevisible de Mad Dog. A pesar de su mutua antipatía, ambos comparten una ciega idolatría hacia Troy, nacida en los años del reformatorio dada su poco común inteligencia. La sociedad está hecha y el plan es perfecto, sólo falta controlar los recelos de Diesel hacia Mad Dog, y tener a raya al segundo, algo que se presume extremadamente complicado. 
La rebeldía del joven Edward Bunker, criado en hogares de acogida, escuelas militares y reformatorios de los que continuamente escapaba por su visceral rechazo a una autoridad a menudo arbitraria, lo convirtió con dieciséis años en el preso más joven de la tristemente célebre prisión de San Quintín. Ni un coeficiente intelectual muy por encima de la media, ni la ayuda de Louise Wallis, esposa del magnate de Hollywood Hal Wallis, lograron encauzar a un joven impulsivo fascinado por los bajos fondos y la noche de Los Ángeles. Solo su pasión por la lectura ―durante los dieciocho años que pasó entre rejas leyó sin descanso―, y su perseverancia en la escritura, acabaron apartándolo de una vida destinada al crimen. 
«Era rápido y fácil, sólo hacía falta una palanca, controlar el tiempo y ser audaz. Ahora observaba los vehículos que pasaban por si encontraba algo interesante que examinar otro día. Recordaría el nombre de la empresa para un futuro golpe. Tenía muy buena retentiva para los posibles trabajos. Siempre había tenido buena memoria, incluso en la escuela. Podría haber ido a la universidad pero la delincuencia resultaba más divertida. Las estafas le subían la adrenalina, era mucho mejor que estudiar para los exámenes.» Ernie Stark es un estafador y un yonqui, un delincuente de poca monta a quien los trajes de lujo, los coches veloces y las prostitutas con estilo hacen enloquecer. Su vida transcurre sin respiro en un submundo que conoce como la palma de su mano y que ni por sentimiento de culpa o deseo de redención querría abandonar. Obligado a colaborar con la policía para no verse de nuevo entre rejas, se da al doble juego con policías y delincuentes a fin de quitarse de en medio a la competencia y hacerse con un pequeño imperio de la droga. Ambientada en la California de los primeros años sesenta, “Stark” es la primera novela que escribió Edward Bunker cuando todavía cumplía condena en San Quintín. Nunca publicada en vida del autor, el manuscrito de “Stark” se descubrió después de su muerte y fue publicado por primera vez en 2006.
Tras la muerte de Edward Bunker en 2005, se encontraron entre sus papeles una novela inédita (“Stark”) y varios relatos en los que el escritor angelino estaba trabajando, reunidos ahora bajo el título de uno de ellos, “Huida del corredor de la muerte”. Los relatos abordan algunos de los temas predilectos del señor azul de “Reservoir Dogs”: la vida entre rejas y su código no escrito, el sistema judicial y penitenciario norteamericano, la discriminación racial en la cárcel y la pena de muerte. En San Quintín, fábrica de animales y quintaesencia del sistema de reclusión estadounidense, encontramos al joven de color Booker Johnson, sobre el cual se cierne, pese a la levedad de su delito, la pesada maquinaria penitenciaria alimentada por el racismo; a Eddie Johnson, impaciente por vengar a un amigo asesinado a sangre fría por un guardia; o a Troy Cameron, el protagonista de “Perro come perro”, en su último viaje rumbo a la cámara de gas. En el relato que da título al libro, la rutina de la vida en el corredor de la muerte salta por los aires cuando se materializa un desesperado intento de fuga.

Otra de las pasiones de Bunker, fue el cine y gracias a su fama como escritor, hizo amistades en ese mundillo. Lo que le permitió trabajar como secundario en bastantes películas. Quizá su participación más famosa es como el señor azul, en la película Reservoir dogs.

Murió en el año 2005 y hoy es una figura de culto en los ambientes literarios de la novela negra. Tarantino, lo considera el mejor escritor de novela negra del mundo y James Ellroy confiesa, que no le llega ni a los talones.

Desde luego, nadie ha descrito la cárcel y los bajos fondos, con la veracidad de Bunker. Habrá mejores prosas, pero a veracidad y a saber trasmitirla. Nadie le gana. Y sus personajes e historias son de los mejor.

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